¿Hasta dónde puede vibrar una superficie?
Trabajo desde la morfogénesis natural como forma de habitar el tiempo: transformarse, fragmentarse, recomponerse. Ese devenir atraviesa tanto la materia como el cuerpo, y es allí donde mis piezas buscan una presencia latente, cargada de historia y movimiento contenido.
En ese proceso, la obra se desplaza hacia lo tridimensional, insinuando un gesto escultórico que concentra la energía del crecimiento y la recomposición. El mosaico opera como un lenguaje de reconstrucción: materiales nacidos del fuego, el descarte y el tiempo se rearticulan en estructuras que revelan continuidad dentro de la fractura.
Cada obra se despliega en el espacio como un organismo en transición, donde lo vivo, lo humano y la materia insisten en transformarse.